Recorrido por Rio Gallegos
Recorrido por Rio Gallegos
    Un recorrido por los confines del territorio patagónico, en los cuales la estepa, el viento y la soledad son protagonistas absolutos. Pesca deportiva, estancias abiertas al turismo, aves marinas, faros, leyendas y una vastedad infinita son algunos de los ingredientes de una receta altamente recomendable si de olvidarse del mundo se trata.
    El área costera de la provincia de Santa Cruz y las ciudades-puerto emplazadas en la extensa franja de litoral atlántico albergan no sólo una naturaleza prístina en su marcada adversidad sino sobre todo un relevante interés histórico y la indispensable posibilidad de aprovisionamiento y servicios para “soportar” las largas extensiones desérticas de la pavimentada ruta nacional 3, que enlaza la región.
Recorrido por Rio Gallegos
    Recorrerás planicies casi inabarcables, que a los ojos de cualquier mortal no ofrecen ni vegetación exuberante ni mayores atractivos, pero que en realidad exhiben una tozudez a toda prueba: coirones, ovejas, guanacos, atardeceres naranjas en las rías, y el viento abarcándolo todo, son otra “postal” muy distinta a la que ofrece la alta montaña –con sus glaciares, bosques y picos nevados- pero igualmente atrayente para los que aprecian ver más allá de lo meramente paisajístico.
    La capital provincial es la ciudad de Río Gallegos. La más poblada al sur de Comodoro Rivadavia, sus habitantes casi igualan en número a la totalidad de los de la provincia de Tierra del Fuego; se ubica sobre la ría homónima, y su origen se debe a la necesidad de desarrollo comercial, educativo y ganadero de la región.
    Su estratégica ubicación no sólo te permitirá conocer parte de la implacable historia patagónica; es la puerta de entrada a múltiples opciones turísticas altamente recomendables.
Recorrido por Rio Gallegos
    Una visita a la ciudad implica partir de la Avenida Costanera, a pie, para disfrutar de la ría a través de la cual el río Gallegos deposita sus aguas en el mar.
    Una hermosa parquización se complementa con la abundancia de aves marinas –cormoranes, albatros y gaviotas- que merodean por la costa en busca de alimento.
    El Monumento Histórico Nacional “Balcón de Roca” (Piedrabuena 50) es el lugar desde el cual el entonces presidente Julio A. Roca se dirigió a la población luego de un histórico encuentro binacional de integración llevado a cabo en 1899 en la localidad de Punta Arenas.
    En apenas doscientos metros sobre la calle Alcorta se suceden la Casa de Gobierno, la Residencia del Gobernador, la Legislatura, y los Museos Casa de Gregores y Naval.
    La historia sigue viva también en el Museo de los Pioneros, con elementos cotidianos de los primeros pobladores (mobiliario, cardadora manual de lana, lavarropas, el plano original de la ciudad, que data de 1886, y muchas cosas más).
    Otro edificio histórico es la Iglesia Catedral, del año 1900, en madera y chapa. Clásico exponente de la tendencia arquitectónica de la época, sede de la congregación salesiana, fue declarado monumento histórico nacional en el año 1985.
    Para los pescadores, el viento y el frío son un desafío a vencer, pero los 198 kilómetros del río Gallegos, y las capturas de truchas marrones rondando los seis kilos de promedio son una tentación irresistible.
Recorrido por Rio Gallegos
    La vastedad de la estepa, que conmueve a europeos y japoneses, es aquí absoluta. La luz diurna es interminable, el amarillo de los atardeceres pinta los coirones, y el viento obliga a abrir las puertas del auto con cuidado para impedir que se te vuelen...
    Una salida altamente recomendable es la de viajar hasta Cabo Vírgenes, asomándote al extremo sur continental argentino; allí dónde estuvo la primera fundación de la Patagonia; un centro de lavadores de oro, y dónde hoy los pinguinos son dueños absolutos del horizonte.
    Implica 133 kilómetros de ida por caminos de ripio (no olvidés cargar el tanque y llevar alimentos). Tenés que tomar la ruta nacional 3 hacia el sur; a 16 kilómetros aparece el desvío a RP1 a la izquierda, que lleva a cabo Vírgenes.
    Debés seguir al sur hasta el kilómetro 90 –hay un control de Gendarmería Nacional- y luego tomar la bifurcación hacia la derecha que lleva a la estancia Monte Dinero, ubicada casi sobre el límite internacional.
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    En la actualidad, si bien el establecimiento es un modelo de cría ovina, la quinta generación de dueños de la estancia decidió abrirla al turismo; la historia se entremezcla con las motos, los perros kelpie traídos de Australia, y la vernácula raza “corino”, mezcla de corriedale y merino.
    Estarás recorriendo parte de un territorio privado de 26.000 hectáreas en las cuales desafían al viento patagónico 18.000 animales. Un sitio apartado, un viaje de aventuras al cañadón Lucacho (dónde estaba el mencionado centro de lavado de oro) y otros 13 kilómetros de ripio para llegar finalmente al Cabo Vírgenes.
    Este cabo es un lugar de agobiante soledad en el cual sólo perduran esqueletos de la “fiebre del oro” producida en 1876/85 tras el naufragio de un barco francés y el hallazgo de oro en las arenas del lugar.
    Una espectacular colonia de pingüinos (Spheniscus magellanicus) elige este lugar para su cortejo nupcial, puesta e incubación.
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    En el extremo sur verás el faro argentino de Cabo Vírgenes, de 26,5 metros de altura, en funcionamiento desde el año 1904 y con un alcance lumínico de 44 kilómetros.
    Aquí comenzó la historia poblacional patagónica; una sucesión de penurias y calamidades que se llamó Nombre de Jesús, pero sucumbió al clima y el aislamiento. Nunca llegaron ni la ayuda ni las provisiones, y en 1587 el corsario Thomas Cavendish sólo encontró una tenebrosa colina a la cual llamó “Puerto del Hambre”. El último sobreviviente fue rescatado en 1590, pero murió en el trayecto de regreso. Pedacitos de una historia que se agiganta de cara al mar y el sibilante paso del viento.
    Hoy una acogedora casa de té atendida por los dueños de la estancia, con vista al estrecho de Magallanes, es el refugio ideal para contemplar el fin del continente.
    A unos pocos metros está la estructura metálica blanca y negra del faro, recomendable subir la centenaria escalera caracol , y asomarse al inhóspito paisaje a través de sus imponentes cristales.
    
    Fotos: Revista "Lugares" Nº 73 y Galeria de fotos "Interpatagonia.com"
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