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Tiempo estimado de lectura: 2 min. |
Karina Jozami |
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Nuestro último punto del recorrido por la región del Aysén eran las termas de Puyuhuapi.
Ya habíamos indagado la cantidad de kilómetros y el estado de la ruta para llegar en auto a través del parque nacional Queulat.
Pensar que, hasta hace pocos años, sólo se tenía acceso al pueblito de Puyuhuapi por agua. Esta aldea portuaria de 537 habitantes creció bajo el impulso de los colonos alemanes y empezó a abrirse camino por tierra en la década del '80. Fue ese mismo trazado que marcaron los pobladores el que tomaron como base para continuar la Carretera Austral hacia el sur.
Salimos temprano con una llovizna persistente que nos acompañó durante casi todo el viaje. Pasamos por el río Cisnes y cruzamos la comuna de Lago Verde, antes de ingresar al parque nacional Queulat. La reserva Queulat, que significa “tierras lejanas”, se extiende a través de 154.093 hectáreas, la mayoría inexploradas, donde abundan los ríos y glaciares en medio de una fantástica selva virgen. Avanzamos por el camino de tierra que se alzaba frente a una exuberante frondosidad descubriendo saltos y cascadas escondidas. |
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Cinco kilómetros antes de llegar a Puyuhuapi, se encuentra Puerto Unión donde está el muelle para embarcarse hacia el hotel. En menos de 10 minutos, estábamos en la lancha cruzando la bahía Dorita en el seno Ventisquero para alojarnos en un lugar de ensueño.
Aguas pacíficas
La tranquilidad del océano Pacífico que baña las orillas del spa confunde. Parece un gran lago sin olas ni viento. Al acercarnos al muelle, pudimos apreciar la construcción del hotel, cálida y armónica con el ambiente. Su artífice fue el alemán Eberhard Kossman, que por el año 1989 decidió mostrar al mundo este rincón privilegiado donde confluyen corrientes marinas, pozos termales y agua de manantial. |
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Luego de instalarnos quisimos aprovechar lo que quedaba de la tarde en las piscinas termales exteriores. Fue un verdadero placer sumergirse en las cálidas aguas, cuya temperatura alcanzaba los 40º, y observar la tranquilidad de la bahía rodeados de un exuberante verde selvático. No hicimos el ejercicio de alternar la pileta con el mar, a menos de 10º, porque empezó a llover y el calor era más tentador que correr a zambullirse para reactivar la circulación. |
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Cerca a las 6 de la tarde, nos encontramos con Rodrigo en el lobby del hotel para tomar un pisco sour y charlar sobre los distintos programas de Puyuhuapi. Él nos indicó que al anochecer nos esperaba Paulina en el spa para celebrar “la ceremonia del agua”. A la hora indicada, provistas de traje de baño y bata nos reunimos en el spa con el grupo de visitantes que recién habían llegado. A la luz de las velas Paulina nos explicó que estábamos en uno de los pocos sitios del mundo en el cual convergen tres clases de aguas: marina, termal y de manantial, un lugar privilegiado para reencontrarse con la naturaleza y armonizar el cuerpo. Luego nos invitó a brindar con agua de manantial, las luces se encendieron y pudimos ver desde las pasarelas las piscinas iluminadas. Iniciamos una suerte de ceremonia de purificación, primero sumergiéndonos en el agua termal a 30º, luego pasamos por un fuerte chorro de agua de cascada para terminar en un jacuzzi de agua termal o marina y repetir el ciclo. |
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Poco a poco sentimos el cuerpo flotar, totalmente relajado. Con esa sensación de bienestar, salimos del spa y nos preparamos para cenar. |
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En el restaurant nos esperaban Rodrigo y Guillermo Muñoz, ex chef del renombrado centro de esquí de Valle Nevado. Mientras conversábamos sobre la historia de Puyuhuapi, saboreamos unas ocochas de merluzas con vino blanco y unas croquetas de congrio con salsa de cholgas. Después de la cena, nos fuimos a descansar porque nos esperaba una intensa jornada.
Deportes y belleza
El día amaneció fantástico, así que luego del desayuno decidimos aprovecharlo y disfrutar de la bahía calma. Salimos con Rodrigo a navegar en kayak, para observar desde otra persepectiva la belleza del lugar. El recorrido va por playa Los Choritos y la isla Pinipe, pero nosotros nos quedamos cerca del complejo porque yo tenía una cita en el spa antes de partir. Cuando volvimos, Soledad, Paulina y Rosi nos aguardaban con todo preparado. Primero, una sesión de masajes de relajación en rincón privilegiado con vista al mar. Y para finalizar con los mimos, un tratamiento con algas marinas basado en terapias “talaterm”, que consiste en extender las algas a modo de máscara facial e introducirse en una cápsula de vapor para absorber las propiedades de las algas. La sensación en la piel y el bienestar corporal me hicieron sentir más que renovada. |
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Con estos halagos, nos despidió la gente del hotel spa. Sin dudas, Puyuhuapi es un lugar para recomponer el cuerpo y el espíritu. Y para conocer todos los atractivos que la región del Aysén atesora. |
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En auto desde Coyhaique, se toma la ruta 240 en dirección a Puerto Aysén, y se desvía hacia Villa Mañihuales. Al pasar esta localidad, se terminan los 90km de camino pavimentado y comienza el ripio. La ruta principal 7 llega hasta Puerto Unión, donde se ubica el muelle para embarcar a las Termas. |
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Consultar por distintos programas. |
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Vaya con tiempo para disfrutar del spa y las distintas actividades del complejo. |
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Termas de Puyuhuapi Santiago de Chile (5950000) Coyhaique - XI Región - Chile Tel: +56 67 02-225-6489
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“Hay pocos lugares como éste en el mundo. La convergencia de las distintas aguas hacen de Puyuhuapi un verdadero paraíso. Aquí es imposible no descansar y salir rejuvenecido. Las termas se complementan con actividades y entretenidos programas para toda la familia”.
Rosi
Spa Puyuhuapi
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