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Tiempo estimado de lectura: 1 min. |
Karina Jozami Jorge González |
Ya es un paseo clásico caminar hacia la Islita, uno de los rincones del lago Lácar más lindos y cercanos al centro de la ciudad. Son aproximadamente 5 kilómetros que atraviesan el fantástico bosque del cerro Bandurrias hasta llegar al sector de la costa conocido como Playa de Trompul, frente a una pequeña isla. Lo mejor es organizarse para salir temprano por la mañana o a la siesta y llevar provisiones para improvisar un picnic, ya que el lugar lo amerita.
Si el punto de partida es la calle principal (San Martín), para tomar el sendero hay que caminar hasta Juez del Valle (una antes de llegar a la costanera), cruzar el puente del arroyo Pocahullo, bordear el arroyo hacia la izquierda por un camino de tierra y seguir ese camino hasta que empieza a trepar el cerro Bandurrias. |
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A poca distancia del inicio hay una tranquera que marca el ingreso a territorio mapuche, específicamente a la propiedad de la familia Curruhuinca, justo donde se puede apreciar una clara vista panorámica de toda la playa del Lácar y del muelle con sus embarcaciones. Desde este punto parten varias sendas, pero todas llevan al mismo lugar.
El bosque del Bandurrias
El camino sube y se interna en el bosque, un lugar mágico coloreado por el verde de los cipreses y los robles pellín junto a los vibrantes anaranjados del amancay y otras flores nativas.
Luego de caminar un buen tramo por el cerro Bandurrias, aparece un empinado sendero de 20 metros que cuesta subir pero que al final llega a un mirador natural que recompensa el esfuerzo. Un poco más adelante de la tranquera del paraje Trompul (indicada con carteles) hacia la izquierda, se llega al mirador Bandurrias. Vale la pena hacer un alto a la ida o a la vuelta de la Islita para contemplar la inmensidad del lago, las montañas y todo el paisaje. |
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Falta poco para llegar, pero todavía hay que caminar un poco más. Dentro del predio de la familia Curruhuinca, la despensa ofrece tortas fritas y otras cosas ricas, además de poder compartir un momento con los pobladores locales. Cuando ya empieza a bajar la senda, basta con cruzar unos pequeños arroyos y cursos de agua de deshielo para finalmente alcanzar la costa.
Encontramos una corta playa de arena y a 10 metros a través de las frías aguas del Lácar, la famosa Islita. Pequeña, alta y escarpada, esta porción de tierra regala una impactante vista de la pared del cerro Abanico y todo el cordón del Chapelco.
En verano, hay que animarse y nadar hasta ella para disfrutar plenamente de su paradisíaco encanto. |
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La vuelta se realiza por el mismo sendero que conduce hasta la Islita. Si bien no es un trekking que presente dificultades, no olvides llevar algo de comer y tomar para recuperarte del esfuerzo físico. |
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