
¿Cómo se pesca cuando no se pesca? ¿Cómo se disfruta de una pasión cuando todavía hay meses que esperar para poder vivirla? ¿Cómo se hace para no volverse loco mientras se espera?
Terminó la temporada
La pesca de truchas y salmónidos en la Patagonia argentino-chilena es magia pura. Difícil es explicarla con palabras sin emocionarse, sin caer en la nostalgia de los viejos tiempos, de los amigos, de los recuerdos y de peces mitológicos que pasaron por nuestras vidas.
Esta hermosa locura arranca todos los años los primeros días del mes de noviembre, tanto para lagos como para ríos, y desde entonces se puede pescar hasta el 31 de mayo, fecha en que se declara la veda para proteger a las especies.
Cuando esto ocurre, los pescadores con mosca comenzamos a emigrar hacia otros ámbitos donde se nos acerca la posibilidad de batirnos a duelo con otras especies de importante valor deportivo como el dorado, la tararira e incluso el pejerrey, pero la Patagonia debe esperar hasta el año próximo.
¿Quién anduvo por aquí?
Es en estos momentos que el pescador vuelve a su caja de pesca y comienza a observar que algo ha pasado. Esa mosca increíble de plumas verdes de faisán que tenía vestigios de violeta y amarillo y que había resultado el mejor streamer de la temporada ya no está. “Papá, no quedan secas”, fue la frase para darnos cuenta de que es verdad, de que la temporada dejó truchas inolvidables pero se llevó consigo también moscas inolvidables.
Ni hablar de las ninfas, esas moscas que pescan cuando nadie pesca. Esas moscas raras que imitan estados larvales prácticamente irrepetibles pero que cuando caen al agua, si son manipuladas, no fallan a la hora de atraer al pez.
Cuando esto sucede, nos damos cuenta de que la temporada terminó y de que hay que seguir pescando puertas adentro para que el 1 de noviembre nos sorprenda preparados.
Comenzó el atado de moscas
La producción en serie se encargó durante el siglo XX de mostrar al mundo que todo se podía llegar a hacer a gran escala. Esto trajo progreso en miles de formas, pero también desencantó al mundo. El trabajo manual y artesanal fue reemplazado por grandes máquinas que hacían en minutos lo mismo para lo que antes el hombre necesitaba horas.
La pesca no pudo escapar a este desencanto; sin embargo, más allá de que las cañas, reels y líneas fueron alcanzadas por el progreso, el atado de moscas sigue siendo dominio del hombre. Puede haber miles y miles de moscas en todo el mundo, pero todas, absolutamente todas, fueron atadas por distintos hombres, aprendices, amateurs, profesionales o artesanos que aprendieron la técnica o se dieron maña, pero tuvieron que atarlas ellos mismos.
Este hecho, que comienza luego de finalizada la temporada de pesca, es algo que se repite en cada uno de los clubes y asociaciones donde miles de pescadores con mosca continúan reuniéndose para seguir aprendiendo.
Las propias, las mejores
Si bien hay muchos pescadores que prefieren comprarlas en el mercado, atar moscas es una practica placentera por sí misma. Más allá de la paciencia que cada pescador tenga, el hecho de estar entre amigos buscando la mosca perfecta es algo que tiene sus propias motivaciones.
Cada mosca posee una técnica de atado y una determinada elección de materiales. Es necesario aprender de la experiencia de otros para entender cuándo una mosca está bien atada y cuándo no.
La satisfacción que tiene un pescador cuando con su propia mosca logra capturar un pez es algo indescriptible. Es la esencia misma y el espíritu de esta maravillosa actividad llamada pesca con mosca y que aún fuera de temporada genera pasiones y fanáticos.

|