Patagonia, jueves 27 de noviembre de 2014

Los mejores lugares par la salud y el relax

Termas en la Patagonia
Termas en la Patagonia
La Patagonia posee una gran cantidad de fallas geográficas con notable actividad geotérmica y volcánica. Estas características explican la existencia de una variada cantidad de fuentes con aguas termales. La diversidad de termas que existe en esta región de Sudamérica va desde emanaciones de agua tibia, ricas en minerales, hasta géiseres con agua hirviendo.

Ya desde la antigüedad, los nativos mapuches, tehuelches y onas empleaban las fuentes termales para la curación y alivio de múltiples afecciones.

Esta actividad ha llevado, sobre todo en los últimos años, a la creación de una variada infraestructura para disfrutar del agua que fluye de la tierra. Las fuentes termales van desde rústicos pozones cavados en el suelo hasta modernos, elegantes y confortables centros termales y spas cinco estrellas.
Piscina
Los centros termales en funcionamiento en la Patagonia se encuentran rodeados de un conjunto de bellezas naturales que influyen positivamente en el equilibrio orgánico y contribuyen a la sensación de bienestar tanto físico como psíquico. Estas características han hecho que esta región se convierta en uno de los destinos más solicitados para el “turismo de la salud”.
Mascarilla de barro
La aplicación de nuevos métodos para la utilización del agua termal y los continuos estudios sobre las cualidades de sus barros, los convierten en un instrumento esencial de la medicina moderna.

En Interpatagonia.com les presentamos estos bellos enclaves, ubicados donde la naturaleza pródiga ha dejado salir naturalmente a estas “aguas sanadoras”. Descubra la ubicación de cada una de las termas, sus características, sus propiedades y los beneficios que brindan a su organismo.

La leyenda

Hace mucho tiempo, entre los mapuches, hubo un cacique llamado Copahue. Cuentan que hizo muchas guerras, pero que su batalla más terrible la libró solo y por amor.
Un día oyó contar que Pirepillán, el hada de la nieve, estaba presa en la cumbre del volcán Domuyo, que un tigre feroz y un monstruoso cóndor de dos cabezas no dejaban que nadie se le acercara. Con todo el entusiasmo Copahue se despidió de sus hombres al pie del Domuyo y comenzó a subir solo. Ya cerca de la cumbre vió el soñado resplandor de Pirepillán brotando de una grieta, pero un puma colorado, enorme y furioso, se le abalanzó. Copahue de un golpe tremendo de su lanza mandó al animal montaña abajo.
-Por fin llegaste, Copahue- dijo Pirepillán tendiéndole la mano. Copahue le retuvo y se agachó para abrazarla, pero un cóndor arremetió contra ellos. Copahue levantó su cuchillo y cercenó las cabezas del pájaro, que cayó muerto a sus pies.
Copahue condujo a Pirepillán con su gente y vivieron muchos años juntos. Pero su pueblo nunca aceptó a la extranjera, la hija de la montaña, la que había alejado al cacique de los suyos, la que lo había devuelto sin deseos de gloria, sin ánimos de guerra. Cuando los de Chillimapu los derrotaron y mataron a Copahue en una batalla, el odio contra Pirepillán se desató. Una noche la fueron a buscar hasta su toldo y se la llevaron a los empujones hasta el extremo del valle. Condenada a morir, Pirepillán llamó con todas sus fuerzas al que una vez la había salvado:
- ¡Copaaaahueeeeee!
El grito enfureció todavía más a los mapuches, que se apuraron a derribarla e hicieron brotar la sangre transparente del hada de la nieve. Y en el lugar de su muerte, al pie de la montaña, siguió corriendo para siempre su cuerpo deshecho convertido en agua sanadora.

De "Leyendas de la Patagonia", J. Saltzmann.
 
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