Patagonia, miércoles 23 de julio de 2014
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El Chaltén

Historia y leyendas

Historia

El Chaltén, es una pequeña población fundada en 1985, por Ley N° 1771/85 de la legislatura de la provincia de Santa Cruz, fijándose su fecha de creación el 12 de Octubre de 1985, constituyéndose en el pueblo más joven de la República Argentina.
El Chaltén surge como un asentamiento poblacional de servicios en un área conflictiva y poco poblada como acto de señorío de la Provincia de Santa Cruz sobre su Territorio, con un área de influencia que se amplía rápidamente, ya que los inconvenientes limítrofes con la vecina República de Chile en la zona del Lago del Desierto, se resolvieron definitivamente en el año 1994 cuando un jurado internacional falló en favor de Argentina. Fue concretamente poblado desde el año 1987 y ha crecido vertiginosamente en población e infraestructura desde entonces. Inmigrantes venidos de distintos lugares de Europa , que inicialmente arribaron a Punta Arenas y luego por el paso de Ultima Esperanza pasaron al continente, se instalaron a fines del siglo XIX y comienzos del XX en la zona aledaña al Chaltén.
El primer poblador de la región fue Fred Otten , siguiéndole luego las familias Ramstrom , la Flia. Halvorsen, Rojo de España, Madsen de Dinamarca, Martín Bjerg, Alberto Wittwer, Jean Henriksen, José Pérez Rubio , Wittwe y Mac Leod , todos portadores de un sueño de progreso común desempeñándose en diversas tareas como la cría de ganado ovino.
Hoy recuerdan su epopeya, las calles de El Chaltén que llevan con orgullo los nombres de estos pioneros, para quienes el arraigo en la región fue duro, hasta a veces violento, ya que debieron enfrentar distintas adversidades como el idioma, la falta de dinero y la lucha constante con las grandes sociedades anónimas.

Patricia Halvorsen, "Entre el río de las Vueltas y los Hielos Continentales", ensayo 224 págs. Editorial Vinciguerra, 1997. ISBN 950-843-278-0.

Leyendas

Leyenda mitológica “El Chalten” del libro Joiuen Tsoneka de Mario Echeverría Baleta

Una de las pocas montañas a la que le conocemos el nombre impuesto por los primitivos habitantes, es el Chalten, llamado Fitz Roy por el hombre blanco. Este nombre significa “Azulado” ya que es el tono de color con que se lo ve permanentemente.
Cuando Elal, transportado por el cisne, llegó a la cúspide del Chalten, pudo admirar desde allí la grandeza y hermosura de la tierra que sería en el futuro, su tierra.
Mientras Elal descendía por las empinadas barrancas, salieron a su encuentro dos terribles enemigos, Kokesne y Shie (Frío y Nieve) a los que derrotó el héroe golpeando dos pedernales que originaron el fuego.
Tanto fue el estupor, que temiendo que Elal les enseñase la forma de hacer fuego a las aves y animales, se alejaron dejándolo descender del cerro.
El Chalten, por haber sido el primer punto de contacto entre Elal y la Patagonia, es considerado sagrado.

Tsonekas: nombre verdadero de los llamados: Tehuelches, Aónikenk o Chonkes
Joiuen: leyenda
Chalten : azulado
Kokesne : frio
Shie : nieve
Elal : nombre propio del héroe de los Tsonekas

Kellfü, el cisne
Del libro Cuentos, Mitos y Leyendas Patagónicos, Edit. Continente.

Cuentan que cuando los ani8males, reunidos en la laguna por la citación de ETR-werr, decidieron que debían salvar a El’Al a toda costa, ocultádolo en la Mapu, también coincidieron en que solo había tres pájaros suficientemente grandes y poderosos como para cruza el “mar” (probablemente alguno de los grandes lagos patagónicos) llevando al niño sobre sus espaldas , así que optaron por convocar a Kellfü, el cisne, a Mexeush, el ñandú, y a Kapenkenk, el flamenco.
Pero por distintas razones, que veremos más adelante, Mexeush y Kapenkenk llegaron tarde, así que Kellfü avisado de inmediato por Kilken, nadó rápidamente hacia un Chakao donde se había reunido la asamblea de animales y aceptó sin dudar un solo instante la petición de Terr-werr. Se dirigieron todos hacia la cueva de la tuco-tuco, donde estaba escondido El’Al y una vez allí, el cisne espongó las plumas de su lomo, con las cuales formó un cálido y muelle nido, y el muchacho se acomodó en él, preparado para el largo vuelo.
A continuación, estirando el cuello, Kellfü carreteó un largo trecho por la orilla del lago y finalmente, con un graznido que fue de alivio y de despedida a la vez, se elevó cada vez más en el cielo azul, rumbeando hacia el poniente con un vuelo infatigable y sereno, que sabía que podía sostener durante largas horas.
Nadie ha contado jamás los detalles del largo vuelo –señaló Katrú-, pero se rumorea que durante ese tiempo el cisne y el muchacho se convirtieron en amigos inseparables, y que fue allí, muy alto sobre las encrespadas aguas del “mar”, donde Kellfü bautizó con el nombre de El’Al a aquella criatura desvalida y sin nombre.
Siempre volando a gran altura, El’ Al y el cisne dejaron atrás la isla, internándose en el inmenso océano hasta que, finalmente, divisaron la elevada montaña azul de que les había hablado Kíus. Kellfü se posó cuidadosamente en la más alta de las cimas del Chaltén –que así bautizaron ambos a la montaña, por su color – y el cisne cuidó a El’Al con la devoción de un verdadero padre, durante tres días con sus noches, alimentándolo y abrigándolo hasta que estuvo listo para descender del cerro y comenzar la creación de la Mapu y sus habitantes. Al ver su tarea terminada, Kellfü emprendió el largo vuelo de regreso, comunicó a Terr-Werr y los demás animales el cumplimiento de su misión y se retiró a las lagunas y la orilla del “mar”, desde donde, según la leyenda, todas las mañanas recuerda a El’Al y lo saluda con un graznido.
Pero también se dice que mucho después de lo que se ha contado, una vez que hubo culminado su obra creadora y abandonado la Mapu, volvió a buscar a Kellfü y se dirigió, montado en él como la primera vez, directamente hacia el sol naciente. Día tras día volaron hacia el este, y cuentan los que saben que, cuando Kellfü se encontraba cansado, se lo decía a El’Al, y éste disparaba una flecha que se hundía en el agua, y las ondas que esta formaba hacían surgir una isla, donde el cisne se detenía a descansar antes de reanudar el vuelo.
Y fue esa devoción que Kellfü le manifestó a El’Al lo que hizo que los cisnes se convirtieran en animales sagrados para los chonek. Jamás los cazan, los crían ni los encierran, y cuando un cisne muere, ni siquiera las aves carroñeras más osadas se atreven a picotear su cadáver, pues saben que esto atraería una terrible represalia de su creador El’Al.

 
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