
Los fósiles son testimonios del pasado. Denotan la
existencia de organismos en otras épocas geológicas
y están presentes en distintos niveles de las capas
terrestres.
El proceso de fosilización, que ocurre a lo largo
de varios millones de años, consiste básicamente
en el reemplazo de los componentes de los restos de un organismo
por minerales. De esta manera, los fósiles tienen la
misma forma que el organismo o hueso original pero ya no están
hechos del mismo material que antes. Son más pesados
y cambian de color y de textura. La mayoría de los
fósiles son muy parecidos a las rocas, pero hay algunos
más exóticos, como los ópalos o el ámbar.
A veces, los fósiles no son restos sino evidencias
de la actividad de los seres vivos, como madrigueras, pisadas,
rastros o perforaciones.
Algunos hallazgos fósiles han ocurrido por casualidad.
Pero, dado que la mayoría de los fósiles generalmente
se encuentran enterrados, puede resultar difícil decidir
dónde excavar.
En la Patagonia, se han encontrado gran cantidad de fósiles.
Esta tierra, que se encuentra entre los mayores centros paleontológicos
del mundo, parece ser un verdadero parque del cretáceo,
no sólo de animales terrestres, sino también
de especies marinas que, según se estima, dominaron
las aguas de la región hace 80 millones de años.

De acuerdo a Carolini, descubridor del Gigantosaurius Carolinii
en 1993, hace millones de años, una lengua del océano
ingresó al centro de Río Negro, produciendo
la llegada de dinosaurios marinos a esta zona, que se convirtió
en un extraordinario cementerio de especies. Todo esto se
vio favorecido por el clima muy cálido y húmedo
de ese entonces.
Sin embargo, este gran tesoro paleontológico era desconocido
hasta hace un par de décadas. La Patagonia era una
tierra solitaria e inhóspita y el país no contaba
con suficientes recursos humanos para la exploración.
Hoy en día, la ley Nacional Nº 9080 establece
que los fósiles son parte de nuestra riqueza, y Patrimonio
Natural de la Humanidad.
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