Patagonia, viernes 28 de noviembre de 2014
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Santa Rosa

Historia y leyendas

Historia

Las investigaciones históricas hacen presumir que los primeros pobladores de la actual región pampeana fueron grupos tribales pámpidas, que fueron llamados Tehuelches, y a ellos pertenece la datación de las más antiguas presencias humanas encontradas hasta el momento en la provincia.
La mentada Campaña Conquista del Desierto produjo una fuerte alteración en las condiciones de vida de los nativos en esos tiempos, cambiando radicalmente la tierra que abierta a la explotación del inmigrante europeo, que comenzó a aplicar modernas tecnologías de producción desconocidas por los pobladores originarios.
Finalizada las campañas militares en 1882, el gobierno nacional inició la entrega de las tierras recién conquistadas, hecho sustentado por cuatro leyes nacionales que permitieron la enajenación de las llamadas 15.000 leguas quitadas a los pueblos aborigenes.
La Pampa fue un territorio nacional hasta mediados del siglo XX. En los primeros años de este siglo arribaron numerosos inmigrantes europeos, que conjuntamente con el tendido del ferrocarril y la fundación de pueblos dieron pujanza a la zona; y ya para la década de 1920 a 1930 la agricultura y la ganadería se habían extendido hasta sus límites actuales.
En el año 1883 el Coronel Renigio Gil, puso en marcha un establecimiento ganadero en las tierras que le habían sido asignadas, ubicando como administrador a su suegro, Don Tomás Mason, hombre dinámico, optimista y emprendedor.
Este, con una gran visión de futuro, se propuso crear un pueblo a instancias de una solicitud hecha por el gobernador del territorio Dr.José Luro.
El primer habitante fue un forastero, que camino a Toay, se encontró con Mason y este le habló de su proyecto, ofreciéndole terreno para que levantara su vivienda, el recién llegado era León Safontás (un joven francés de 26 años). Con el correr del tiempo fueron muchos los que se quedaron, entre las familias que se instalaron podemos nombrar a: los Monnier, Bousquet, Lacheral, Gerín, Merello y Roux., también llegando otros habitantes, casi todos franceses procedentes en su mayoría de Trenque Lauquén.
Fue entonces cuando Masson decide gestionar oficialmente la fundación del pueblo, lo cual se cristaliza el día 22 de Abril de 1892.
La población siguió en aumento. Llegaron familias como Gamboa, Colomés, Colombato, Etcheverry, Alagis, Perroud, Toschino y otros.
Por nuestros días la actividad agropecuaria sigue siendo importante en la región y el mismo tezón de sus primeros pobladores sigue guiando a las actuales poblaciones que trabajan la tierra en todo el ámbito provincial, a la par que han dado cabida a numerosas actividades turísticas y recreativas en constante evolución.
Hoy la joven y moderna capital de la provincia de La Pampa es el paso obligado hacia los más importantes centros turísticos de Argentina, conectándose con Buenos Aires a tan sólo una hora de vuelo.

Leyendas

El Zorro y la perdiz
Recopilado por Ana Fernandez Garay . 1993 del libro Cuentan los mapuches. Edit.Nuevo Siglo.

Cuando yo era chico mi padre me contaba esta historia del zorro y la perdiz.
Sucedía que la perdiz era muy buena silbadora. Todo el tiempo andaba por ahí, silbando. Al zorro le hubiera encantado poder silbar como la perdiz, así que cuando la encontró en el camino, le preguntó:
- Cómo hacés para silbar.? La perdiz le hiuzo una demostración de su habilidad y el zorro, entusiasmado, le pidió que le enseñara a silbar.
Entonces la perdiz propuso coserle la boca y , dicho y hecho, se la cosieron pero le dejaron un agujerito.
- Silba .! le dijeron, y el zorro silbó. Se puso loco de contento. Poco después el zorro halló una mula, montó en ella y se fue, silbando, por supuesto.
Andaba por ahí, silba que te silba. Pero se presentó un problema: no podía comer porque tenía la boca cosida. Sólo podía silbar. En cambio, la perdiz estaba bien : ella sí comía lo que quería.
Fue así que una vez el zorro pasó silbando cerca de la perdiz, pero no la saludó. De modo que ella pensó: - Voy a salir volando para atajarlo en el camino: el zorro se va a caer y entonces me va a saludar, pues ya no me saluda.
Tal como lo había planeado, se hizo. El zorro, que venía silbando, no la vió: la perdiz salió volando, él se cayó y se rajó la boca.
Es por eso que el zorro ya nunca más fue capaz de volver a silbar.
Nota: el cuento fue narrado en lengua mapuche y español por Daniel Cabral en febrero de 1988 en Santa Isabel , La Pampa. Versión literaria de Inés P. Simons.

 
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