Si buscan una experiencia verdaderamente extraordinaria en San Martín de los Andes, no puedo dejar de compartir la mía.
Me hospedé en La Fontaine, un lugar con personalidad propia: alegre, cálido, acogedor y encantador. Desde el primer momento me sentí como en casa. Los baños con hidromasaje son un placer absoluto, y las toallas, las almohadas y la cama merecen una mención especial: simplemente exquisitas. De esas experiencias donde uno duerme tan bien que cuesta levantarse.
El desayuno fue otro de los grandes momentos de la estadía. Delicioso y abundante: pan de campo recién horneado, huevos, jamón, frutas frescas, yogur, café y muchas otras opciones preparadas con esmero. Un verdadero lujo para comenzar el día.
La atención fue impecable. Todo el personal se destacó por su amabilidad, predisposición y calidez humana. Además, la ubicación es inmejorable: en pleno centro, cerca de todo, permitiendo disfrutar la ciudad caminando.
Pero la sorpresa más grande llegó cuando me invitaron a conocer Villa Rotui.
Por aproximadamente 60 pesos por persona, se accede a un nivel de lujo, confort y exclusividad difícil de encontrar incluso en algunos de los destinos más prestigiosos del mundo. Y lo digo con conocimiento de causa, porque he tenido la fortuna de viajar desde Aspen hasta Ushuaia y conocer hoteles y complejos de primer nivel.
Villa Rotui ofrece una auténtica experiencia cinco estrellas rodeada de un entorno natural impactante. Cuenta con spa de categoría internacional, sauna, piscina climatizada, cascadas monumentales, ríos cristalinos con piletones naturales y espacios concebidos para el descanso absoluto.
Cada rincón transmite elegancia, serenidad y sofisticación. Es un lugar donde el tiempo parece detenerse. Un refugio diseñado para descansar, reconectar con uno mismo y disfrutar plenamente de la naturaleza sin renunciar al confort más exclusivo.
La arquitectura y el diseño merecen un reconocimiento especial. El estilo rústico chic está logrado con una maestría excepcional. Desde la carpintería artesanal hasta la imponente cascada de piedra que desemboca en piletones naturales, cada detalle refleja una búsqueda obsesiva de la belleza y la excelencia.
Mis respetos para la mente visionaria que hizo realidad este paraíso terrenal. Hay talento, sensibilidad y una visión verdaderamente mágica detrás de cada espacio.
Y si todo lo anterior resulta impresionante, el restaurante merece un capítulo aparte. Una verdadera joya gastronómica. Cada plato llega a la mesa con refinamiento, elaborado con ingredientes de máxima calidad y presentado con un nivel de detalle sobresaliente. La experiencia culinaria es majestuosa, con sabores memorables que convierten cada comida en una celebración. El servicio es impecable.
Desde ahora este es mi lugar favorito de la patagonia.
Es simplemente mágico.