Inter Patagonia Patagonia, sábado 25 de octubre de 2014
Estancias en Patagonia
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El surgimiento de las estancias transformó el espacio vacío e ilimitado en un ámbito de producción rural que permitió situar al país entre los primeros proveedores mundiales de materia prima.

Hacia el sur, las estancias trocaron el paisaje. Superando el crudo invierno, las intensas nevadas y el incesante viento, se convirtieron en verdaderos pueblos repartidos en la inmensidad de los campos. Lo contenían todo: escuelas, puestos sanitarios, bibliotecas, usina eléctrica, panadería, establos, pastores y peones.
Estos cambios no sólo afectaron a la tierra, también al gaucho, que pasó a ser trabajador, capataz y protagonista fundamental de esta nueva vida rural. Los dueños, conocidos como hacendados, acostumbraban pasar el invierno en Europa y regresar en primavera para ponerse al frente de sus posesiones.

La mayoría de las estancias se mantienen como establecimientos agrícolas ganaderos, pero sus cascos y residencias han abierto las puertas a los visitantes que quieren acercarse a la vida rural. Algunos conservan el estilo de su época de esplendor, cuando se erigían verdaderos palacetes de arquitectura francesa, inglesa o colonial lujosamente amueblados y decorados. Otros poseen una decoración más sencilla, más armónica con la vida rural, pero igualmente confortable y cálida.
Por las ventanas de estas casonas, la mirada se aleja hacia un paisaje agreste que se confunde con el cielo.

En la actualidad, son los propios dueños los que atienden a sus huéspedes como invitados especiales y comparten con ellos anécdotas e historias de sus lugares.
Pasar unos días en las estancias signfica encontrarse con la naturaleza que todavía se preserva silvestre, conocer y vivir las costumbres de gauchos e inmigrantes que poblaron el campo argentino. Compartir sus tareas cotidianas, pasear a caballo, arrear el ganado, presenciar la esquila de ovejas, las yerras y las domas, trabajar en las huertas. También se pueden practicar distintas actividades deportivas, pero todas invitan a interactuar con el entorno natural.interpatagonia.com

Costumbres argentinas
La vida en las estancias conserva fuertes tradiciones que se expresan en pequeños gestos sociales. En principio, no es prudente presentarse de noche o a la siesta, porque son horarios que se respetan para el descanso y sólo los perros se ocuparán de recibirlo.
Un franco apretón de manos mencionando el nombre y apellido, basta como registro en una estancia. Como huésped, uno es invitado a participar de todas las tareas; sin embargo, hay costumbres, como la preparación del asado, que están reservadas a los gauchos de la estancia y no es bien visto que uno se inmiscuya en ese rito gastronómico.
El mate también guarda reglas de cortesía. Formar parte de una ronda de mate acerca a las personas y elimina las diferencias entre visitantes y anfitriones, peones, capataces y hacendados. Por esta razón, siempre es cortés aceptar la invitación. El cebador es quien se encarga de preparar, servir el mate e iniciar la ronda. Uno sólo dice gracias cuando no quiere más y no después de recibir el primero porque se considera un gesto de desprecio. Tampoco se debe mover la bombilla o limpiarla, solo hay que sorber la infusión, devolver el mate al cebador y esperar a que se inicie nuevamente la vuelta.
En una estancia o en cualquier pago del país, compartir un mate es un modo amistoso de relacionares y acortar las distancias.

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