La Trochita

Testigo de un pasado glorioso, La Trochita es un atractivo turístico que deja boquiabiertos a los pasajeros protagonistas y cada paseo en un reflejo de viejos tiempos.

Como si nos situáramos dentro de una película, el tren a vapor se pone en marcha con un traqueteo a baja velocidad, mediante un mecanismo de calderas donde se genera y acumula el vapor que luego hará el trabajo mecánico. Esta particularidad es un patrimonio tecnológico y de arquitectura industrial que se mantiene viva en los talleres ferroviarios de El Maitén.

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Una reliquia que rueda por la Patagonia


La promoción y el fomento de los Territorios Nacionales permitieron la creación de las líneas férreas que integrarían las diferentes áreas de la Patagonia con la red nacional. El ramal Ingeniero Jacobacci-Esquel comenzó a construirse en 1921, en paralelo con la compra de las locomotoras Baldwin y Henschel. El cuidado de los “artesanos del tren”, como se llama a los operarios cualificados de los talleres, hace que las locomotoras actuales sean las mismas que dieron nacimiento a La Trochita.

En la época de mayor auge, el famoso tren realizaba dos servicios de pasajeros por semana y servicios de carga casi todos los días. Los avances en las rutas, la tecnología del transporte y las crisis económicas hicieron decaer el uso de los trenes y en 1993 se cerró el ramal. Por fortuna, podemos decir que el redescubrimiento de la Patagonia y sus valores culturales pusieron en foco el renacer de La Trochita, que sigue rodando por la meseta patagónica con un sello turístico.

En los talleres se llevan a cabo las reparaciones integrales y generales de las locomotoras y se conserva el estado original. También se crean piezas, a partir de los planos de fábrica. En la actualidad una reparación puede llevar hasta dos años de tiempo por la forma artesanal de su proceso. Las piezas no se consiguen en el mercado y es necesario labrarlas in situ.

El interior de los coches de pasajeros mantiene su estructura original. Las salamandras que dan el calor para el invierno y el transitar por sus pisos crujientes encantan a fanáticos del tren y no tanto. Sin dudas es un corte en el tiempo, un asomo a la historia de las grandes ingenierías del pasado que se conservan como reliquias en medio de un paisaje fascinante. Queremos ser partícipes de esa película y, por suerte, todavía es posible gracias al devenir de la historia de los pueblos que ven pasar el trencito de trocha angosta con el fondo de las geografías esteparias y la idiosincrasia de la gente que es testigo del valor socio-cultural del Viejo Expreso Patagónico.

La Trochita tiene varias posibilidades de disfrute. Las opciones más comunes son las salidas programadas Esquel-Nahuel Pan y El Maitén-Desvío Bruno Thomae. Una tercera opción permite contratar viajes particulares. En verano las salidas tienen mayor frecuencia, pero el paseo puede hacerse todo el año, y no faltan las anécdotas y las historias de un pasado glorioso.


Miriam Coronel

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