Passeios e excursões · Frutillar

Calles con acento germánico

Texto: Mónica Pons · Fotos: Eduardo Epifanio

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Las casas de madera, con balcones y miradores, muestran la arquitectura de una época anterior y sus jardines cuidados acompañan el entorno con sus verdes.

Cuando se la recorre, Frutillar muestra dos sectores bien definidos: el Alto y el Bajo. Este último es el tradicional, el que recibiera la población de origen alemán que construyó sus casas junto al lago Llanquihue con los volcanes como telón de fondo.

Al llegar al Bajo, la fuerte pendiente de la barranca nos permitió tener un primer vistazo de la extensión del pueblo a lo largo de la costa. Estacionamos el auto, decidimos caminar sin apuros y contemplar de cerca sus edificios, algunos de los cuales tienen más de 150 años. Mientras desandábamos la avenida Philippi, nos impactaron los perfiles de los volcanes Osorno y Puntiagudo y la playa de arena fina que corre pegada a la extensa bahía.

Las viejas casonas de origen europeo han sido puestas en valor y siguen siendo viviendas particulares, hoteles y locales de gastronomía de gran categoría. En sus inicios, albergaron familias muy numerosas; los techos y revestimiento realizados con tejuelas de alerce son un clásico en casi todas ellas. La casa Richter (hoy Escuela de las Artes) y la iglesia luterana son dos exponentes de la época.

La arquitectura de una época anterior
La arquitectura de una época anterior
Volcanes como telón de fondo
Volcanes como telón de fondo
Ajedrez en un tablero enorme pintado en el piso
Ajedrez en un tablero enorme pintado en el piso

Siguiendo por Philippi, nos dejamos tentar por la repostería deliciosa de una de sus casas de té. Sentados cerca de uno de sus ventanales, pudimos admirar el paisaje y los turistas que estaban de paso. Con música suave de fondo, degustamos varios kuchen, torta muy sabrosa que, en sus gustos variados, representa lo mejor de las viejas recetas de las abuelas alemanas.

Al pasar por el edificio de la municipalidad, vimos que varios niños jugaban ajedrez en un tablero enorme pintado en el piso, con piezas tan grandes como ellos que pueden moverse fácilmente.

Decir “Frutillar” es decir “Semanas Musicales” y “Teatro del Lago”: dos símbolos que enorgullecen a quienes se sienten atraídos por la música, el arte y la cultura. En verano, la actividad cultural crece; los amantes de los conciertos y presentaciones teatrales llenan las instalaciones del teatro y disfrutan también de los paseos al aire libre. El edificio inmenso recorta su figura sobre el lago y varios ornamentos musicales se ubican a lo largo de la costanera y subrayan el gusto de la comunidad.

Tomamos luego la calle paralela, la Pérez Rosales, con rasgos parecidos a la Philippi. Si bien nos mostró varios locales de gastronomía con cervezas y platos regionales, lo más característico son sus grandes mansiones con jardines muy cuidados donde la esencia alemana se combina con la chilena tradicional.

Tuvimos ocasión de ingresar al Museo Colonial Alemán, ubicado sobre esta calle. Recorrimos la casona patronal, el molino, la herrería y su jardín espacioso, que nos permitió comprender cómo fue la vida de los primeros inmigrantes.

En el camino hacia Frutillar Alto, conocimos algunos miradores que ofrecen una visión de conjunto y la posibilidad de sacar alguna foto. Allí, en sus calles anchas, encontramos mucho comercio, apartamentos, escuelas, edificios bancarios y la terminal de ómnibus. Una vieja estación de trenes ha dejado la huella de los viejos tiempos de la colonización.

Volvimos a deambular de noche por la costanera para disfrutar del aire fresco y las luces reflejadas en las aguas del lago y notamos poca presencia de personas. Entendimos que la vida nocturna tenía lugar dentro de los hogares y en los restaurantes. En el pueblo de las begonias, se vive de día, todos se conocen y algunas historias personales se entretejen entre sí.

Los paseos al aire libre
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La costanera
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Grandes mansiones con jardines muy cuidados
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